Manila
«Manila es una ciudad ignorada y perdida en el tiempo, atrapada entre un pasado colonial y un presente dominado por las contradicciones». El fotógrafo Ricky Dávila (Bilbao, 1964) describió así la ciudad que, durante dos años, se convirtió en el objeto de su trabajo, que queda plasmado en un libro y una exposición. La exhibición, titulada simplemente Manila, recoge una serie de 30 fotografías de gran formato, en blanco y negro, elegidas entre las 176 que conforman el libro homónimo, ganador en 2005 del premio Photo España a la mejor publicación de fotografía del año.
«Empecé el trabajo con un enfoque periodístico, que con el tiempo fue convirtiéndose en una aproximación entre poética y documental», explicó Dávila, quien entre 2002 y 2003 realizó cinco viajes de un mes a la capital filipina, una de las ciudades más atípicas y contradictorias de Asia. «Y también más desconocida para el público occidental», añadió Menene Gras, jefa de cultura y exposiciones de Casa Asia y comisaria del proyecto, producido por esta institución con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (MACUF) de A Coruña. Las impactantes imágenes, donde predomina la figura humana, conforman un polifacético retrato de una sociedad enfrentada a una permanente crisis de identidad, generada por la herencia colonial española, el neocolonialismo estadounidense y el cada vez más pujante legado asiático.
«De día, bajo el sol, la ciudad suda. Se ve pobre, sentimental, lejana… De noche, la ciudad es oscura, mal iluminada, llena de recovecos. Fascina y conmueve, tiene algo inquietante, de arrabal infinito», escribe el fotógrafo Alberto García-Alix, que acompañó a Dávila en uno de sus viajes, en el único texto que llevan las imágenes del libro. Tanto éstas como las de la exposición se presentan sin título para dejar espacio a la imaginación del visitante, pero la cruda realidad desborda el papel. La inestabilidad política, la corrupción, la violencia y las brutales desigualdades, que convierten Manila en una metrópolis perennemente al borde de un estallido social, toman forma en las fotografías de niños de la calle, prostitutas que se ofrecen en peceras a los ojos del cliente, telepredicadores, guardias jurados, boxeadores, vendedores callejeros, travestidos de mirada triste y sumisa, y desenfrenados jóvenes de la alta burguesía. «Es una ciudad cacofónica, marciana y nada exótica. Sin embargo, consiguió atraparme y me permitió penetrar hasta su esencia más profunda».
Roberta Bosco

Ricky Dávila, Bilbao, 1964
Nacido en Bilbao, Ricky Dávila se licenció en Biología en la UPV para graduarse posteriormente en el ICP de Nueva York en 1990. A lo largo de los años noventa desarrolló su trabajo en el terreno del reportaje publicando dentro y fuera de España. Recibe así galardones como el Fotopress, World Press Photo II, Ortega y Gasset, Best American Picture…
Desde el 2000 reorienta su dedicación al ámbito del fotolibro y las exposiciones con obras como NoVodka on The Moon (2007) y Nubes de un cielo que no cambia (2009) que anuncian ya su evolución hacia el poema visual. Es autor de media docena de libros (Retratos, Manila, Ibérica, Nubes…, Todas las cosas del mundo y Los Cuadernos de Remo Vilado) y una veintena de exposiciones individuales.
Colaboró con la Agencia Cover, El País Semanal y fue editor gráfico de la revista EGM , entre otras ocupaciones. Con el título de Tractatus Logico-Photographicus, la editorial Galaxia Gutenberg publica sus ensayos sobre Fotografía. Funda y dirige el Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao. En éste, su proyecto más reciente presenta un ejercicio de introspección que combina fotografía y poesía. La metáfora y el intimismo protagonizan una exposición que gira en torno al descubrimiento del escenario propio como medida del cosmos
En las últimas décadas, la fotografía de Ricky Dávila ha ido abandonando gradualmente la escena informativa para adentrarse en el territorio de la metáfora y el intimismo. Todas las cosas del mundo es un proyecto de descenso e introspección personal en el que el autor combina su imaginario visual con su poesía escrita. Su título remite al descubrimiento del escenario propio –los seres queridos, la familia, la memoria, etc.– como medida del mismo cosmos.
Actualmente, junto a Dani R. Camus, dirige el proyecto Artefacto, dedicados a imprimir libros especializados del mundo de la fotografía y el arte.

