Croacia, 2005 ©Chema Salvans

Where have all the children gone

Desde mediados de la década de los años 1990 hasta mediados de la primera década del presente siglo Txema Salvans incluyó en su trabajo las fotos de niños y niñas, algunos desnudos, divirtiéndose en piscinas o playas que forman parte del libro que origina esta exposición. Esas imágenes, alegres e inocentes, ya no están en la presente muestra. En su lugar Salvans ha seleccionado diez imágenes inéditas, pero con los niños en bañador o disimulando la desnudez. ¿Qué ha pasado desde entonces, por qué ha cambiado de forma tan radical en apenas veinte años la mirada global, pública y particular, sobre la representación de la infancia?

Las fotos de niños y niñas en medios de comunicación son escasas y con frecuencia aparecen pixeladas; las escuelas demandan permisos espaciales a los padres para utilizar imágenes de sus hijos e hijas incluso en el ámbito estrictamente escolar; cualquier fotógrafo de la vida cotidiana ha de evitar cuidadosamente que aparezcan los rostros de niños y niñas en sus fotos… ¿Qué ha generado el miedo a ver a los propios hijos e hijas representados por medio de la fotografía?

Sin duda la explosión de uso de las redes, la difusión masiva y muchas veces incontrolada de imágenes puede hacer que se pierda el control sobre esas imágenes y sobre sus consecuencias. En el caso del desnudo ha supuesto la constatación general de que algunas miradas sobre la infancia producen en algunas personas perversa excitación sexual por imágenes que la mayoría consideramos naturales e inocentes. Y que esas mismas personas pueden hacerlas circular en ese registro. La protección de la intimidad se acrecienta con el temor a permitir imágenes que en presente o en futuro puedan perjudicar, por imagen o seguridad, a nuestros hijos e hijas; lógicamente eso se hace extensible, por coherencia, con las imágenes de otros infantes. Y la inteligencia artificial genera fobias en muchos adolescentes que temen ver utilizadas las fotos de sus perfiles en plataformas para la creación de falsas imágenes comprometedoras, una de las últimas y más crueles formas de acoso.

A veces justamente conscientes y otras víctimas de una manipulación hiperbólica favorecedora del miedo, nos vemos abocados a una prevención que empobrece nuestra vida. Tristemente la alternancia entre confianza y sospecha es irreversible. Y la función política de los autores, editores y medios es garantizar el origen, claridad de sentido y transparencia de las imágenes que ponen en circulación, así como denunciar su traslado a otros registros de uso. Ser prevenidos sin perder la alegría de representar la vida en sus manifestaciones más solares es una función política irrenunciable, tanto como lo es usar la fotografía para hacer visibles las crecientes zonas oscuras de esta sociedad global que llamamos mundo.

Pepe Baeza

Txema Salvans, Barcelona, 1971

Txema Salvans alternó los estudios de biología y fotografía. Estudia en el ICP de Nueva york gracias a una beca de donde salta a La Fábrica, el centro de creación artística de Benetton. En 1997 fue galardonado con el primer premio FotoPres, por dos de sus trabajos: Historia de Juan Durvan, el día a día de un invidente, y Vivan los novios, un reportaje sobre un acto social como es el ritual de una boda, repleto de curiosos matices, en el cual Salvans decidió infiltrarse en las ceremonias nupciales, junto a los fotógrafos profesionales que cubrían por encargo estos acontecimientos y así poder realizar en clave irónica su ensayo.

En 2005 ganó el certamen PhotoEspaña al mejor libro de fotografía española por Nice to meet you, un trabajo donde a través de invitaciones de desconocidos accede a diferentes grupos familiares de toda la geografía española. Posteriormente, en 2013 con su trabajo The Waiting Game gana el concurso del Libro Iberoamericano de la Editorial RM. En este proyecto de 8 años, Txema Salvans fotografió en su contexto la prostitución que se ejerce en las carreteras del litoral mediterráneo.

El trabajo de Salvans por tanto nos habla del autoengaño colectivo que lleva a fantasear con esos reductos transitorios de paraíso. Como que no sabemos si otro paraíso es posible, nos contentamos con esos momentos de felicidad y descanso en medio del hormigón y las fábricas. Pero nos habla también de una paradoja que atañe a las políticas de la visión. La paradoja es que a nosotros espectadores–de–las–fotografías nos está vedado ver lo que los actores–en–las¬–fotografías quieren ver, y en cambio se nos restriega por los ojos aquello que no quieren ver. Es Salvans quien gestiona las instancias de esa dialéctica y al hacerlo demuestra, como Nietzsche sostenía, que no hay hechos, sólo interpretaciones.

Txema Salvans ha colaborado con revistas de todo el mundo como Le Monde, New York Times, Esquire, Suddeutsche Zeitung, Stern, NZZ, Liberation, GQ, Monocle, The Guardian,El País, Colors…

Su magnífica trayectoria lo sitúa entre los fotógrafos documentalistas españoles con más proyección internacional. Se plantea sus trabajos a partir de lo que existe y muchas veces no vemos, o no queremos ver. Como en el caso de la literatura o la moda, sus series fotográficas están basadas en hechos reales. Para Txema Salvans, el cometido del fotógrafo es congelar el tiempo y darle la posibilidad de perdurar. Se siente cercano a la figura del antropólogo naturalista que viaja con su cámara y nos descubre realidades inquietantes, dispares y sorprendentes de nuestros semejantes. Sus imágenes nos interpelan e invitan a cuestionarnos como seres humanos.

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